Hay ríos que atraviesan territorios. Otros atraviesan el tiempo.
El Nilo ha sido durante siglos un lugar de paso, de encuentro y de intercambio. Por sus orillas viajaron personas, historias, instrumentos y canciones. Algunas melodías cambiaron de nombre y de lengua; otras conservaron su raíz. Todas fueron dejando huellas.
Nilo Azul nace de ese movimiento.
El proyecto toma su nombre y su impulso del primer disco homónimo de Wafir S. Gibril, Nilo Azul, publicado por Nubenegra. Aquel trabajo abrió un camino que hoy continúa en un nuevo formato de creación y directo, donde la música sudanesa se encuentra con las músicas de la península ibérica y con otras influencias que han acompañado el recorrido de sus músicos.
Aquí las fronteras entre estilos se diluyen. La tradición sudanesa, el flamenco, el jazz y otras músicas mediterráneas y contemporáneas se mezclan de forma natural, no como lenguajes superpuestos, sino como parte de una misma conversación. Los ritmos, las melodías, la improvisación y las distintas formas de escuchar y de interpretar se cruzan hasta encontrar un lenguaje propio.
El ud, el violín, las flautas, el saxofón, la voz y la percusión forman parte de ese paisaje. Las composiciones propias dialogan con melodías tradicionales y la improvisación deja espacio para que la música cambie en cada encuentro.
Impulsado por Wafir S. Gibril, junto a Sara Caballero Rodríguez y Pedro Esparza, Nilo Azul mira hacia la tradición sin tratarla como algo inmóvil. La toma como materia viva: algo que se transforma cuando viaja, cuando encuentra otras músicas y cuando vuelve a ser interpretado desde el presente.
Después de aquel primer Nilo Azul, el recorrido continúa con Nilo Blanco, un nuevo trabajo discográfico que será grabado en este formato y verá la luz en 2027.
Un proyecto que sigue creciendo a partir de una misma inquietud: dejar que las músicas se encuentren y descubrir qué aparece en ese lugar intermedio.